lunes, 12 de julio de 2010

Tecnología y Cultura


El problema Latinoamericano no consiste en que su realidad sea indómita, no accesible, lejos de cualquier comprensión. El problema fundamental estriba en que no hemos podido concretar formas de pensamientos adecuadas para comprender nuestra realidad.
Mucho más allá del hecho fáctico, de lo tecnológico y de lo científico; filosofar es hacer las preguntas adecuadas que nos conduzcan a entender las razones por las cuales ocurren los fenómenos; es, entender la coherencia lógica del por qué ocurren los eventos. Y, es al indagar las razones fundamentales que nos es posible entender la fenomenología social general. Mucho más allá de entender cómo funciona una máquina, el filósofo se plantea ¿Qué es una máquina? ¿Pará qué se construye la máquina? ¿Por qué se construyen máquinas?
Al construir estructuras adecuadas de pensamientos en Latinoamérica podremos entender la relación entre cultura, ciencia y tecnología. Pues, el quehacer científico y tecnológico está íntimamente relacionado con la cultura que las origina. Decir cultura y época es igual que decir cultura y tecnología, cultura y ciencia.
Equivocadamente se suele escindir a la tecnología de la cultura; erróneamente se cree que el hacer tecnológico no tiene ninguna implicación con el ámbito cultural; así, solemos relacionar la cultura con entretenimiento, y al afirmar que Latinoamérica es una región multicultural se suele creer que es un parque de diversiones multitemático.
La cultura es un fenómeno particular, es producto de un pueblo determinado en un tiempo determinado, está determinada por las realidades concretas, con los eventos propios de la dinámica social de una región. Por otro lado, la tecnología es algo general que transciende fronteras y el dinamismo es tal vez su principal característica.
La cultura es una estrategia para vivir. Un ritual mágico, una producción pictórica, la ciencia y tecnología, no son más que una serie de tácticas para vivir de una determinada sociedad. Estrategias que invariablemente se traducen en una praxis políticas; entendiendo la política como una manera con la que se afronta la vida.
Es necesario citar que los indios Aymará en Bolivia se niegan a adquirir bombas de agua, así el gobierno de facilidades crediticias con muy bajos intereses para su obtención. A pesar de que en no pocas oportunidades los animales de estos pobladores se encuentran sucios, flacos y enfermos; el indígena se niega con rotundidad a adquirir la bomba de agua que garantice la limpieza de sus rebaños. Cualquier pensador pudiera citar que el atraso cultural de ese pueblo es la limitante para su adaptación a la tecnología y por lo tanto a la modernidad.
Atrevámonos a plantear el análisis del fenómeno de diferente manera. Históricamente Latinoamérica se ha resistido a la implementación de tecnología foránea en su región, casta de tecnócratas han vistos caídos sus sueños al observar que la implementación de sus paquetes tecnológicos no han prosperado en la región. Junto al tecnócrata, el cristiano ha visto como su sistema religioso no se ha impuesto de manera unánime en todas las latitudes del continente; de igual forma el comunista ve como su perfecto sistema de gobierno no es asimilado con totalidad. Y, ningún sistema foráneo se adapta totalmente en Latinoamérica, y así seguirá siendo a pesar de la insistencia de los defensores de sistemas políticos, religiosos o tecnológicos.
La razón por la cual ninguna tecnología foránea se adapta con totalidad en Latinoamérica radica en que la ciencia y tecnología necesariamente están relacionadas con la cultura de un pueblo. La creación de una tecnología, de una herramienta no es un hecho aislado y foráneo, necesariamente responde a una necesidad poblacional ligada intrínsecamente con la cultura; surgen tras un proceso de gestación cultural. Es imposible separar el lugar y el tiempo exacto con el surgimiento de la tecnología; pues, esta responde a las necesidades concretas de una cultura determinada en un tiempo específico. Así, la ciencia y la tecnología son apéndices de la cultura; porque es la cultura de un pueblo la que hace que surja su tecnología.
Es importante destacar que en América latina la cultura se encuentra fragmentada, es característica propia de los pueblos americanos que no sean iguales los diversos fenómenos culturales entre los sectores poblacionales. Por tanto, no es extraño observar que una tecnología, un sistema de gobierno, se asuma mejor por un sector poblacional que por otro. También, dentro de una misma sociedad existen diferentes culturas, por tanto, no es de extrañar que las decisiones políticas asumidas por una clase social determinada no sean asumidas por el resto de la población, originando esto conflicto.
Un punto álgido en el aspecto cultural latinoamericano es que nos hemos acostumbrado a vivir en la noesis, en la verdad a decir de Platón, costumbre heredada de nuestra occidentalización. Un factor común en muchos sectores de nuestros pueblos es el temor de vivir en la coxa, de sentar nuestra realidad en el mundo de las opiniones, tenemos la suma necesidad de la certeza, de la verdad, de pisar firme, de no perder.
Si partimos del precepto de que es necesario explorar el mundo de las opiniones latinoamericanas para poder construir una cohesión y fortaleza cultural solida en Latinoamérica; a dejar de vivir en la certeza de otras latitudes podemos mirar en nuestras opiniones, para así poder construir nuestras certezas. Es necesario construir la certeza latinoamericana, es pertinente la evaluación de la tecnología foránea con ánimos de la construcción de una tecnología Latinoamericana. La ciencia y tecnología foránea siempre va a responder a otra realidad; por tanto, va en detrimento de lo latinoamericano; a este respecto Mires (El Discurso de la Naturaleza, ecología y política en América latina1991) señala:
La relación costo-excedentes, que parece ser una connotación científica incuestionable, corresponde apenas a un estilo de pensamiento que sólo ha consagrado científicamente elementos culturales subyacentes en el pensamiento colectivo. Pues la relación costo. Excedentes no solamente deriva de la lógica capitalista de producción, sino también de relaciones culturales que se basan en la creencia de que siempre hay que sacrificar al ser humano a instancias superiores, ya sean dioses, el progreso, la civilización o el comunismo.
Sin embargo, y contradiciendo lo antes expuesto, el informe de del 27 de junio de 1972 de las Naciones Unidas afirma: “la humanidad comparte un destino común sobre un planeta de reducidas dimensiones”. Esta afirmación del órgano internacional no responde a la realidad, se antepone a la diversidad de realidades entre los pueblos; o sea, se opone no tanto a la diversidad cultural sino al derecho de la existencia de esa diversidad cultural.
Regresando al caso del indígena aimará que se niega a la adquisición de la bomba hidráulica, muchos se atreverían a afirmar que hay que orientarlo para lograr que éste adquiera la tecnología que le permita mejorar su situación. Mas, el aimará igual que otros pueblos de nuestra latitud, no esperan ser dirigidos, sólo manifestarse culturalmente como son; pretender lo contrario es un equívoco. El marxista diría que al eliminar todo lo relacionado con el hombre por último permanecería su necesidad de comer; contrario a este pensar, sólo quedaría su necesidad de habitar, pues lo intrínseco en el hombre es su necesidad de estar, de habitar, de vivir y crear cultura.
En tal sentido, el reto para la filosofía contemporánea latinoamericana estriba en la necesidad operar un pensamiento no técnico sino meditativo, un pensar sin un uso práctico inmediato, pero que permita un replanteamiento, una forma propia de pensar la realidad; que permita esbozar la posibilidad de crear una base que nos sustente, haciéndonos fuertes, independientes y libres. Lo planteado, de modo alguno representa una oposición a la tecnología, es reto para poder fortalecer nuestra cultura, para que esta se traduzca en una acertada política para vivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada