domingo, 25 de julio de 2010

Notas Sobre el Diálogo Intercultural

Una de las características principales de la modernidad es el culto indiscutible a la racionalidad, esta se presenta como el lógico camino para resolver los problemas sociales en su totalidad. Así, occidente se presenta como la cultura que sementada sobre la racionalidad técnica, aspira a las grandes conquistas de la civilización.

Se afirma que la civilización es el estado que logra la humanidad luego de superar a la barbarie; siendo la civilización el modelo cultural occidental inspirado en la cultura europea anglosajona, el cual tiene su cenit en la globalización neoliberal. Sin embargo, la realidad social dista de esta simple ecuación. Irónicamente, las sociedades sumidas a la racionalidad mononuclear occidental evidencian niveles de hambre, miseria y discriminación alarmantes; lo cual se traduce como barbarie.

Ahora bien, la pregunta lógica es ¿A través de cuál método la cultura eurocéntrica se ha convertido en la monocultura dominante en occidente? ¿Cómo la globalización como fase del comercio capitalista se ha convertido en modelador de las culturas?.. En este punto convergen diversos factores que han permitido que la cultura europea domine a las otras culturas occidentales, sumiéndonos en la globalización como fase de intercambio comercial capitalista: Los medios de producción están en las manos de diversos capitales, que se convierten en trasnacionales a través de la dinámica comercial mundial; la razón técnica permite que se cree una dinámica industrial, comercial y agroindustrial que dependen del suministro de bienes y servicios de empresas trasnacionales; la debilidad o casi desaparición del Estado como ente de protección a los ciudadanos permite que los intereses transnacionales influyan sobre la vida política y económica de las poblaciones; por último, y no menos importante, los medios de comunicación social al responder a los intereses de las empresas trasnacionales, se convierten en entes desinformadores y no pocas veces alienantes, que permiten, junto con los factores antes nombrados, que una cultura se imponga a otras; y, que Latinoamérica esté hoy bajo la dinámica de la globalización neoliberal.

Ante la realidad social mundial, es urgente el plantear de nuevo la estructura de pensamiento con la cual organizamos a la sociedad. Evaluar la supuesta supremacía de la racionalidad sobre otros valores humanos, la civilidad europea, el capitalismo como medio de intercambio de mercancía, bienes y servicios; la capacidad de subsumir todas las culturas mundiales a la gran cultura global, antes que la barbarie acabe con los recursos naturales renovables y no renovables, incluyendo el hombre.

Ante la urgencia antes señalada, la filosofía intercultural se plantea como alternativa en franca oposición a la globalización neoliberal. Mucho más allá de querer plantear una nueva filosofía, intenta replantear la relación entre las diversas culturas, entre las diversas filosofías; en esencia, entre los seres humanos. Nueva forma de relación que permita la transformación intercultural del logos filosófico. No se está renunciando a la filosofía como sistema de pensamiento, lo que se intenta es recuperar la capacidad de reacomodarse el sistema, arrancarle la camisa de fuerza que significa la filosofía basada en una sola realidad cultural. Por otro lado, indudablemente, cuando se cambia la racionalidad, también se cambia la perspectiva ontológica.

En primer lugar, la filosofía intercultural reconoce la existencia la pluralidad filosófica; lejos está de pretender que existe una sola filosofía. En segundo lugar, reconoce que cada filosofía responde a una realidad cultural concreta; por tanto, no existe supremacía de una filosofía sobre otra. Por tanto, en esencia, la filosofía intercultural plantea una nueva relación entre los diversos universos culturales.

Dentro del planteamiento ético que significa el diálogo intercultural, prevalece la apertura a la alteridad como posibilidad fundamental para la construcción del nosotros. La subjetividad del otro tiene que estar sujeta a ser percibida por mi subjetividad y a su vez el otro desde estar abierto a mi subjetividad. Esta posibilidad de encuentro entre subjetividades hace posible la nueva racionalidad. Se libera la subjetividad desde la apertura hacia el otro, sin este compromiso se convierte en sofisma la liberación del oprimido.

La intersubjetividad no sólo se opone a la monocultura como ente que coacciona y alienación a las otras culturas; de la misma manera, se opone a la monodisciplinidad como camino para lograr una apropiada hermeneusis. Así, la transdisciplinidad se plantea ante el sectarismo y dogmatismo de diversas posiciones pseudo-intelectuales.

La filosofía intercultural al replantear la relación entre las diversas culturas, se configura en un planteamiento ético. Planteamiento ético basado en la igualdad de condiciones y derechos de los diversos entes que se constituyen en realidad ante la presencia del otro.

La filosofía intercultural plantea una posibilidad alejada de un simple multiculturalismo que se enmarque en el esquema del reconocimiento de la existencia de diversas culturas; estando estas culturas sumidas a la racionalidad de una cultura que se les imponga como superior, invalidándolas.

El ser es el existente, se existe cuando se es; por tanto, la realidad no es otra que la existencia en un lugar y un tiempo determinado; tomando esta postura existencialista, la filosofía intercultural valida el diálogo como medio de construcción, de encuentro y posibilidad de entendimiento entre los existentes. Así, la realidad se convierte en un algo a acordar en el proceso del diálogo entre iguales; los dialogantes propician formas de hermenéusis a través de la comunicación.

Para Fornet-Betancourt al estar las instituciones del estado cerradas a la concreción de la interculturalidad, el ser humano tiene el compromiso consigo mismo de convertirse en partícipe activo de su liberación; esto, presupone que el hombre, a través del proceso educativo se transfigura en ciudadano posibilitado para tal fin. Por otro lado, el diálogo es la forma para lograr la liberación no sólo del oprimido, sino también, a través de la argumentación, del opresor.

Para que sea posible la concreción de la realidad como acuerdo entre entes dialogantes se asumen varios supuestos antropológicos invariables. El primer supuesto filosófico se identifica como lo “universal singular”, a través de este supuesto se afirma que la realidad particular, singular, de una cultura se puede extrapolar hasta influir en otro universo cultural; de esta manera, estando consciente de las barreras culturales, ninguna cultura se mantiene en estado puro e invariable ante las otras con la cual tiene contacto. El segundo supuesto filosófico afirma que la realidad cultural no determina la conducta de los seres dentro de las misma; sin pretender negar que la cultura que origina a cada ser humano influye en su realidad psicológica, éste antepone a la determinación la realidad psicológica que representa su reflexión subjetiva, posibilitando la posibilidad de concretar diversas realidades biográficas dentro de cada situación cultural. El tercer supuesto filosófico afirma que existe la necesidad de la libertad para poder concretar la reflexión subjetiva y posibilitar los cambios culturales; la libertad entendido así, se perfila como la posibilidad de la evolución cultural al poder posibilitar las diversas realidades de sus integrantes; también, se afirma que la solidaridad entre los seres humanos sólo se posibilita al ejercer la libertad de una forma ética. Por último, la racionalidad es también un supuesto filosófico, al ser la capacidad que posee el ser humano de dar razón a su entorno para explicar el mundo que lo rodea y explicarse a sí mismo con la finalidad de generar estabilidad. Los supuestos de la libertad y la racionalidad están íntimamente ligados, pues al ejercer la libertad que nos constituye nos es permitida construir una racionalidad útil para el bienestar del ser humano.

También, la filosofía intercultural afirma que las culturas distan de ser bloque homogéneo; en ellas discurren diversas realidades, necesidades, exigencias, posibilidades y fuerzas que corren en paralelo, que coexisten y comparten un tiempo y espacio determinado. Dentro de cada cultura ocurre un momento de tensión entre la cultura de origen y el hombre que desea desligarse de ella para concretar su historia, su realidad particular; también, acontecen dinámicas de luchas entre las diversas clases sociales que las constituyen, surgiendo la necesidad humana de alejarse de la posición de víctima. Es así como es evidente que patrones culturales rígidos, monolíticos, aplicados sobre las diversas culturas son ineficientes para tratar y resolver los diversos problemas que surgen en su existir. Por otro lado, indudablemente, las diversas culturas no se mantienen estacionales durante largo tiempo, se renuevan constantemente, cambian; este cambio debe responder más a dinámicas propias de existencia que a la pretensión de culturas hegemónicas.

Los supuestos filosóficos no se enarbolan como verdades absolutas, son supuestos que esgrime Raúl Fornet-Betancourt consciente que los mismos deben ser validados dentro del universo de las realidades determinadas desde el diálogo intercultural; pues, como propuesta filosófica propia puede responder a la influencia de la formación cultural eurocéntrica que domina al pensamiento occidental.

Lejos está la filosofía intercultural de pretender ser el método, la herramienta para la solución de todos los problemas sociales, permitiendo la concreción de una sociedad idílica, más cerca del cuento de cenicientas de las señoritas malcriadas que las realidades humanas. Sin pretender lograr un mundo pintado de rosa, la filosofía intercultural afirma que es posible concretar un diálogo entre las diversas culturas del mundo, donde se respeten el derechos civiles entre los participantes; de esta manera, cada voz es escuchada por igual, no se coaccionan el derecho a la participación ciudadana, se permiten e instauran medios que faciliten la comunicación entre los entes constituyente; y, sobre la base del respeto y la igualdad se intenta la argumentación constructiva sobre diversas materias de interés social; logrando o no el encuentro de las voluntades. Por tanto, para la filosofía intercultural es necesaria iguales competencias comunicativas y lingüísticas como condiciones materiales para un diálogo efectivo. La filosofía intercultural permite aspirar a la concreción de un diálogo intercultural cónsono con la dignidad humana.

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