jueves, 22 de julio de 2010

Historia de las Ideas Latinoamericanas

En años recientes se ha hecho un nuevo enfoque de los estudios culturales en el campo de las humanidades. El movimiento destaca que las actividades culturales están intrínsecamente relacionadas con el contexto social en el cual ocurren; la cual diverge en su producción y apreciación, dependiendo de las características del momento. Tomando en cuenta que las características sociales están en permanente transformación, así también las actividades culturales no son inmutables; se transforman junto a las transformaciones sociales.

Así, la Historia de las Ideas, ha tomado una preeminencia especial. Pues, haciendo un estudio objetivo de la Historia de las Ideas, se puede estudiar la evolución de las ideas en una región; con condiciones políticas, sociales, religiosas y económicas determinadas. Igualmente, sirve para ilustrar la historiografía para la filosofía Latinoamericana.

Al estudiar las Historia de las Ideas no sólo se hace una reconstrucción de las características sociales propias del momento; sino, también, la exposición e interpretación conceptual del pensamiento que generaron las obras.

Se estudian los sujetos, las ideas, y la evolución de las mismas, dentro de un contexto determinado. Analizando el cambio de las ideas ante los cambios del contexto. Se desea determinar en qué grado las ideas fueron alteradas según las características sociales; y a su vez, en cuál medida fueron alteradas las realidades sociales obedeciendo a cambios en las ideas. Se destaca la conexión entre idea y contexto, las relaciones de simbiosis, de analogía y disimilitudes.

Paul Veyne (1930) afirma que la Historia de las Ideas comienza verdaderamente cuando se toma en cuenta el carácter múltiple de la "verdad" a través de la historia. Las ideas varían en función de las culturas y, para darse cuenta, es preciso tomar acta de los efectos de ruptura, de la historia, de las diversas maneras de pensar de los actores y de las variaciones semánticas del pensar de los actores y del lenguaje que no permiten concebir una historia de las ideas homogénea y continua.

Es importante no cometer el error de creer que el estudio de la Historia de las Ideas sólo se circunscribe a las ideas no producidas dentro de las escuelas filosóficas; pues, a la disciplina le concierne las ideas filosóficas tanto de la llamada filosofía universal como los pensamientos regionales. La importancia para Latinoamérica que implica el estudio de la Historia de las Ideas radica en que acepta la existencia de un pensamiento filosófico en Nuestra América.

Filósofos como Horacio Currutti y Mario Magallon denuncian que este estudio es desdeñado por no pocos sectores de la filosofía institucionalizada. Menosprecio equívoco, pues el estudio de las ideas es una disciplina que cuenta con un importante desarrollo en los países latinoamericanos. Sobre todo, dentro del marco de la globalización y la postmodernidad.

Contrario a posiciones que minusvaloran al estudio de la Historia de las Ideas, las mismas se valoran al ser una forma efectiva de diagnosis social comparada con academicismo clásico. El estudio de las ideas ha permitido la incorporación de las visiones indígenas, las inquietudes de los negros, las realidades de las poblaciones mestizas, sus inquietudes, preocupaciones; por lo tanto, las diversas concepciones, las diversas realidades. El estudio de la Historia de las Ideas se convierte en estandarte de voz que permite el pronunciamiento de importantes sectores de la población que han estado en indefensión comunicativa. Así, es pretensión del estudio de la Historia de las Ideas realizar una acertada interpretación y explicación de la condición humana.

Una diferencia fundamental entre el filosofo defensor del universalismo de la filosofía y el historiador de las ideas, estriba en que el filosofo de universalista pretende ante el análisis de diversas corrientes de pensamientos formular una corriente propia o amoldarse a otra corriente ya establecida, argumentando su posición; en cambio, el historiador de las ideas su única pretensión es poder describir claramente el momento histórico estudiado y las ideas que en ellas generaron; generando así conclusiones útiles para el porvenir.

La visión perspectivita de la Escuela de Madrid ha sido fundamental para el surgimiento de la Historia de las Ideas en Latinoamérica. A decir de Ortega y Gasset (1883-1955) “Soy yo y mi circunstancia, salvando mi circunstancia me salvo a mí”. De esta forma, el estudio racional de las ideas, estudia el fenómeno como tal y las circunstancias que le sirvieron de marco; he invita a la praxis, ya que salvando mi realidad me salvo a mí, salvo a mi comunidad.

Siguiendo esta línea de pensamiento, no es casual que la ilustración surgiera en una Francia inmersa en un ambiente de importantes decadencias morales. Una nobleza que atribuyéndose el derecho obtenido por la Ley Divina ejercía férreo control sobre una población con serias carencias materiales. En este marco de circunstancias, la Ilustración pretende que bajo el imperio de la razón las desigualdades se mitiguen. Tomando el cuenta que la Ilustración precedió en pocos años a la Revolución Francesa (11 de julio de 1789-1799), la pregunta lógica es ¿Fue la ilustración causante de la Revolución Francesa o la ilustración fue sólo el reporte de un movimiento que era indetenible? Igualmente, ¿Hubiera sido posible la Revolución Francesa sin la aparición de las ideas defendidas por la ilustración? Ortega y Gasset, al igual que otros perspectivitas, afirman que la idea y la acción están intrínsecamente ligadas fenomenológicamente. No es posible un divorcio entre pensamiento y acción; a menos claro, que la filosofía llegue a grado de distanciamiento basando sus interpretaciones sobre visiones sesgadas, haciendo análisis a partir de supuestos que respondan a intereses particulares y no un análisis crítico honesto. Al alejarse el pensamiento de la realidad social, la filosofía se convierte en hipocresía inútil y no pensamiento puesto al servicio de la dignidad, la libertar; por tanto, el bienestar social.

Bajo esta reflexión, la Historia de las Ideas tiene su fundamento sobre la sociología del conocimiento y la filosofía de la Historia. Entonces, sin vacilaciones, se puede afirmar que la Historia de las Ideas es una disciplina que sopesa efectivamente la objetividad del objeto en estudio y la subjetividad del sujeto que estudia. Esta posición responde a actuales exigencias en el pensamiento, pues se exige determinar la investigación del pensamiento y su sentido a lo largo del devenir histórico social. Así, reconstruir la imagen que los sujetos se han hecho de sí mismos, coordinando estas con las realidades culturales de la época.

Se debe tomar en cuenta que la Historia de las Ideas diverge de los sistemas filosóficos formales, en que la Historia de las Ideas incorpora en realidad múltiples elementos históricos cambiantes, creencias y suposiciones; los cuales, no pocas veces consientes y de difícil formulación. En este punto, la Historia de las Ideas como disciplina, puede generar preceptos acordes con la realidad práctica, sustancialmente provechosos por el colectivo. Es aquí donde radica el interés que esta disciplina ha generado recientemente; pues, los sistemas filosóficos que se alejan de la praxis emiten conclusiones alejadas de la realidad, por ende, para muchos pensadores, inútiles.

Hacer una historia filosófica tomando en cuenta la historia vista a través de la óptica de los vencedores, de las clases dominantes sociales, responde a una realidad parcializada, con intereses predeterminados antes de comenzar el trabajo de investigación. A esto, se opone radicalmente la Historia de las Ideas en Latinoamérica; pretende ser el camino de expresión de los vencidos, de las clases marginadas. Sin embargo, claro está, que al ser voz de las clases marginales también se corre el peligro de parcializarse y al perder la objetividad se pierde lo oportuno de las conclusiones. En este sentido, el reto está en sopesar todos los ámbitos de la realidad.

Las ideas, el pensamiento, no es un hecho aislado, irreal, cuando es generado por la misma sociedad. Las ideas expuestas por pensadores inmersos dentro de las realidades sociales, viviéndolas, sufriéndolas, invariablemente no pueden producirse separadas de la historia en la cual están inmersas; pues, en gran medida, esa realidad determina las ideas producidas. Así, en el estudio de las mismas, podemos determinar claramente la relación que sobre ellas tuvieron acontecimientos económicos, sociales, políticos y religiosos. De esta forma, estudiamos más claramente las realidades del momento; y, vislumbramos el cambio de las ideas ante cambios específicos en el contexto social.

Un claro ejemplo de pensador latinoamericano intérprete de su realidad, es el escritor colombiano José María Vargas Vila (1860-1933), autor a considerar por los historiadores de las ideas al analizar el pensamiento latinoamericano de finales de 1800 y principios de 1900. Este escritor no academicista muestra en sus escritos un pensamiento fuertemente anticlerical, diametralmente opuestos a las oligarquías latinoamericanas, y promulgador de la unidad latinoamericana como medida necesaria para frenar las pretensiones dominantes de los Estados Unidos en la región. Su pensamiento responde al momento vivido; donde no pocos gobiernos en los países de Nuestra América se mantenían con el valor de los Estados Unidos, ejerciendo control sobre la población dominada, contando con la bendición de sacerdotes sumisos a la clase dominante en cada país. Su vida transcurre dentro de los años de los férreos encuentros armados entre conservadores y liberales, en medio de la sucesión de gobiernos inestables, que eran derrotados por incesante repetición de golpes armador. Era una época de gran inestabilidad política, frenadas en muchas ocasiones por el ejercicio en el poder de carniceros en lugar de estadistas honestos. Todo el pensamiento vargasviliano es fuertemente combativo y retador, reflejo fiel de la época convulsa donde vivió, sufrió y escribió. Al ser soldado liberal, sufrió persecuciones y destierros, que sólo son vistas de manera objetiva por el que sufre y no por la clase dominante del momento.

El estudiante de las Historia de las Ideas en Latinoamérica debe estudiar posiciones como las esgrimidas por Vargas Vila y sopesarlas por posiciones diametralmente contrarias como las expuestas por el venezolano Laureano Vallenilla Lanz (1870-1936), pensador positivista, político activo en la dictadura de Juan Vicente Gómez (1857-1935), quien en sus obras esgrime la tesis del Gendarme Necesario, aquella figura fuerte que al ejercer el control, domina los movimientos insurgente y consolida las repúblicas. Tesis que justifica la existencia de un hombre fuerte en el poder, capaz de mantener el orden bajo el ejercicio de la fuerza, plenamente justificada.

Ahora bien, el dilema que se presenta es cuál de las dos posiciones tenía razón, Vallenilla Lanz con su gendarme necesario o José María Vargas Vila con su tesis liberadora. Más allá de quién tiene la razón, el historiador de las ideas debe comprender cada posición, sopesarla y concluir; conclusiones aprovechables para la sociedad.

Bajo esta línea de pensamientos, otro aspecto a destacar es que el estudio de la Historia de las Ideas es una disciplina humanística que se aleja del método de estudio de las ciencias fácticas en los siguientes aspectos:

- La Historia de las Ideas vincula al hombre, los eventos sociales y el pensamiento producido; a diferencia de las ciencias fácticas, la Historia de las Ideas es altamente humanística. Las ciencias fácticas están basadas en la búsqueda de la coherencia entre los eventos y la representación mental de los mismos. Esta coherencia es necesaria pero no suficiente, porque además exige la observación y la experimentación. Por ejemplo, nadie confiará en la efectividad de un medicamento si no ha sido sometido a pruebas necesarias de contrastación empírica. Por tanto, la llamada contrastación cuántica es necesaria para garantizar la veracidad de los hechos.

- El objeto de estudio de la Historia de las Ideas pertenece al pasado no repetitible; por tanto, busca la comprensión de los hechos sin la repetición de los mismos. Lo cual quiere decir que la Historia de las Ideas aspira a interpretar eventos que sucedieron; en contraposición clara a las ciencias fácticas que exigen la repetición de los hechos.

- La Historia de las Ideas exige en su análisis la participación de diversas ciencias sociales para la cabal comprensión de los hechos. Sociología, filosofía, psicología, historia, antropología; entre otras, le son favorables para lograr la pertinente interpretación.

- La Historia de la Ideas no intenta encontrar la amplitud del problema que enfrenta. A partir de la pluralidad del análisis interpretativo, determinar la relación de las ideas con la experiencia histórica en la cual se originan.

Es necesario la madures de ciertas ciencias humanísticas para poder realizar un acertado estudio de las ideas. Debido a esto, nos podemos explicar las razones por las cuales el estudio de la Historia de las Ideas ha madurado considerablemente en épocas próximas.

En la década del cuarenta, consideraron que las ideas estaban condicionadas por la realidad social; sin embargo, las interpretaciones fueron limitadas debido a la carencia de una rigurosa historia económica y social de Americalatina. Posteriormente, en la década de los sesenta y setenta, se hicieron interpretaciones desde una óptica burgués centralista. Luego, Ricaurte Soler (1932-1994) señaló las debilidades de la “Teoría de las Dependencias”, esta teoría estudia las realidades económicas y sociológicas desde las realidades regionales, teniendo un fuerte marcaje de ideología izquierdista. Soler sostiene que esta teoría falla al esquivar el análisis de la realidad económica social de la España moderna y la manera con la cual se relacionaba con la realidad de los indígenas en Americalatina. También, afirma que al referirse a la estructura social Latinoamericana, lo hace desde una óptica de colonización y neocolonización.

Hoy, las críticas de Soler tienen gran vigencia e importancia, pues no es posible hacer una acertada Historia de las Ideas, desde una visión idealista; pues, los resultados estarían predeterminados por la visión del analista. Soler deja claro que no se puede hacer historia coherente a partir de aspiraciones propias.

Dominique Grisona destaca que el estudio de la Historia de las Ideas en Latinoamérica está marcado por un fuerte elemento subjetivo; ya que, las ideas al no poseer un carácter institucionalizado, no academicista, puede plantearse demandas sociales, sin participar las mismas en intenciones manipuladoras de las clases dominantes. De esta manera, Grisoni al reconocer que no existe idea sin implicación política, reconoce la característica del elemento subjetivo como ente liberador, ante posturas de filosofías institucionalizadas.

A partir de la década de los setenta surge en Americalatina un movimiento filosófico llamado Filosofía de la Liberación. El reto que de aquí se desprende es si este movimiento es capaz de asimilar, comprender e interiorizar las diversas realidades de nuestros pueblos. Esto sólo es logrado a través de un estudio coherente de la Historia de las Ideas en Nuestra América; incorporando al discurso filosófico las exigencias, inquietudes, necesidades y realidades de los pueblos en indefensión, y no desde una postura clasista de la filosofía academicista.

De esta forma, el nuevo reto de la filosofía de la universal, de la filosofía de la liberación, de la teología de la liberación, o toda ideología que pretenda tener coherencia y utilidad social es, invariablemente, se cónsona con la realidad práctica de los pueblos; y, la Historia de las Ideas se presta como herramienta útil para la concreción de esta necesidad.

Por último, es necesario indicar que el distanciamiento de los forjadores de las ideas al estudio filosófico formal de la academia, no implica necesariamente distanciamiento con la realidad; por el contrario, debido a sus características están más relacionadas con la misma. De manera tal, que el análisis de la Historia de las Ideas, está llamado a convertirse en guía para el surgimiento de propuestas reales que permitan solventar las desigualdades, dar voz y acción a los pueblos oprimidos. En conclusión, convertirse en instrumento de liberación, liberación orientada por la dignidad.

1 comentario:

  1. Buen articulo,preciso y alejado de las visiones academicistas,que disocian teoria filosofica y praxis...

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